Pilar
LOS PLATOS ROTOS 
  -¿Dónde está el perro?- El tufo a alcohol precedió a la voz pastosa. Daaani. Hijo de perraaaa… Temblando, Daniel huyó a esconderse bajo la cama, preguntándose de qué mal le culparía ahora. Se acercaban titubeantes los pasos de su padre, sin prisa, hasta rozar la colcha. Podía ver la puntera de la zapatilla rota y un dedo asomando como un periscopio inquisidor. Oyó el golpeteo metódico de la mano sobre el muslo, esperando, empecinada en castigar injustamente. ¿Por qué si él también sufría su ausencia? Recordó el tiempo, cercano, que esa misma mano le acariciaba, la voz amable de papá, cuando le miraba como a un niño… Fue antes de que mamá saliera un día para no volver. ¡Por favor, vuelve! Imploró silencioso. FIN
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5 Responses
  1. Arvikis Says:

    La verdad es que la ausencia aumenta el valor de las personas y las cosas. ¡Que pena que muchas veces no seamos conscientes de lo felices que somos. Un microrelato con perfume de reflexión.
    Arvikis


  2. Aleizar Says:

    Desgraciadamente resulta tan real.
    Como suele suceder consigues llegar a la esencia del problema con solo unas lineas, te estas haciendo una maestra.


  3. Anónimo Says:

    No es ficción que los padres descarguen en los hijos sus frustraciones. El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor, y no hay nada peor que maltratar a un niño indefenso.


  4. Juan Says:

    Los niños con ausencias sobre sus espaldas somos muchos, y sabemos algo de platos rotos. Impresionante la imagen de la zapatilla con el dedo asomando. Escribes muy bien, Pilar.


  5. Cruz Says:

    ¡Es que los bordas, oye!
    Cualquiera de estos cortitos es una joya.