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Pilar

JUVENTUD, ¿DIVINO TESORO? ¡Imbéciles! Era la palabra más suave de mi padre; la soltaba refiriéndose a mi hermano y a mí, a la juventud en general, y continuaba hablando de sus tiempos, de la dura vida de entonces, del ahínco por abrirse camino… Jamás lográbamos complacerle; nos afeaba todo: los amigos, la moda, las diversiones, los amoríos, y especialmente el escaso provecho con los estudios; “y lo que yo me sacrifico por vosotros, desagradecidos, imbéciles. Si yo hubiera podido… Ahora, algunas veces, se pasa por el prestigioso estudio de arquitectura que compartimos mi hermano y yo; se pavonea al entrar, saluda a la recepcionista y pasea por los despachos con aires de propietario. También, algunas veces, se le escapa y nos llama “imbéciles”. Nosotros no le replicamos, y le seguimos llamando papá. FIN