Pilar

CARA A CARA ¿Te acuerdas de mí? En absoluto; ni siquiera lo intente. ¡Tantas mujeres habían pasado por mis manos! Apenas me fijaba en la cara; no era, precisamente, lo que me interesaba de ellas. Esta no estaba mal, mustia; olía a hembra necesitada de un macho que le alegrase la noche. Y yo estaba loco por pillar carne; el mes en la trena pareció un siglo. Me acerqué haciendo como que quería echarle un vistazo más de cerca. Ella retrocedió hasta quedar apoyada en la pared, con las manos en los bolsillos. Igual pensaba que la iba a robar… ¡Imbécil! Yo hice lo propio y empuñe el destornillador. ¿De verdad no te acuerdas? ¡Qué plasta, la tía! Pronto iba a dejar de preguntar. Di unos pasos más y… El empellón me pilló a contrapié, me cortó el resuello y salí despedido; igual que el destornillador, que rodó hasta los zapatos de la zorra salvaje. Quedé tirado en el suelo, mareado. Cuando sentí el pinchazo en la entrepierna supe que la conocía, aunque no me hubiese fijase en su cara. Ella si lo hizo. FIN
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