Pilar
PRIMICIA En el salón del Ateneo ya no cabe un alma. El insigne escritor, Ricardo Luna, anticipa el primer capítulo de su última y demandada obra. Muchos fueron los rumores que, en los dos años que lleva retirado de la vida pública, se barajaron sobre su controvertida persona: que si sufría una enfermedad, que si depresión, que atravesaba una crisis de inspiración, terror al folio en blanco… incluso sus más temerarios detractores y chismógrafos varios dudaban de su cordura. Conjeturas que el excéntrico autor, si no alimentaba, tampoco esclarecía, negándose a pronunciarse ni a recibir en el austero y solitario caserón serrano donde se encerraba. El acto comienza puntual. Luna es recibido con una cerrada ovación. Se hace el silencio, roto únicamente por el frufrú de los folios que el autor despliega sin prisa. Se ajusta los lentes. Carraspea y procede a leer: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho…” FIN
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