Pilar
LA VISITA Tuve la sensación de no estar sola, el olor de su colonia flotaba en el aire de la habitación. Sentí un escalofrío por la espalda y me volví rápida. No había nadie y, por supuesto, mi padre no podía ser en modo alguno aunque el perfume fuese el mismo que él acostumbraba a usar. Pensé que estaba obsesionada; su muerte, a pesar de no encontrarse bien de salud, cogió por sorpresa a toda la familia que desconocíamos la dolencia cardiaca que papá padecía y no había confesado. El ataque le sobrevino estando de viaje y el día que debía regresar llegó el avión, pero no él. Desde el aeropuerto le ingresaron en una clínica sin posibilidad de traslado. Descansa donde él quería, en un lugar bañado por el Mediterráneo que amaba y en el que había sido feliz. Al entrar en casa mi hermana olfateó y dijo: ¿Has notado que papá está aquí? FIN
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