EL TIEMPO ENTERRADO
Bajo la primera capa de barro, aparece una imagen sorprendente.
Amuro el escobón, el cobertizo puede esperar; se avecina otra tormenta. Rescato la caja y, al desenfangarla, aparece la imagen completa: un velero. El niño que era cuando la abuela me la regaló, fantaseaba con ser corsario, aventurero.
Resulta sorprendente que, aún sepultada, oxidada, custodie mis añosos tesoros. Un rizo, fotos, canicas… objetos ligados a momentos especiales, a recuerdo de los que apenas guardo memoria vuelven a mí nítidos. Gento y Zarra me sonríen bajo la cera que recubre las chapas; intento un toque y los dedos artríticos protestan negándose a obedecer.
-Abuelo, ¿a qué juegas?
-A ser niño otra vez.
FIN
TAF SE MUEVE
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Superado el parón vacacional, nos citamos en la calle Don Ramón de la Cruz
93, en la librería Celama.
La librería, preciosa, regentada por una joven y...
Hace 2 semanas


