Pilar
LARGO OLVIDO

Los sentidos y el deseo hablaban por nosotros inmersos en una loca embriaguez de caricias urgentes, tanto que padezco resaca infinita, sed insaciable. Ni siquiera otros labios ni abrazos logran hacerme olvidar aquellos, dulces y exigentes a la vez. Dudo que el romance fuese tan idílico como lo atesoro; el tiempo, inefable escultor, cincela con mano experta las aristas y él es, en definitiva, quien eterniza el espejismo. O quizá es que los sueños alimentan la realidad y me resisto a despertar, por eso vagabundeo como sonámbulo buscándola. Los amores eternos son tan breves…

                                                           FIN

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