Pilar
DULCE ESPERA
Para que no se enteren de que me he marchado me desvanezco del dormitorio, pero el hedor a flores marchitas, a lodo, queda prendido en el aire, en los rincones, en los muebles… Están dormidos; ella abrazada al pecho de mi viudo, todavía ambos con el pánico pintado en los rostros crispados. No se merecen este gesto generoso. No después de la traición que acabó con mi cordura, con el gusto por la vida. El vientre de ella, palpitante de vida nueva, me llena de envidia. De ternura. Por eso me disipo. Regresaré dentro de cinco meses. No hay prisa, tengo por delante una eternidad. FIN
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