Pilar

UN TRABAJO BIEN HECHO Hasta siempre, Vladimir. Trabajas bien, añadí. Muy bien. Cerré la puerta, abrí el balcón y esperé. Vladimir apareció cargando brochas, latas… Levantó la vista, sonrió al descubrirme, y volví a pensar que parecía un actor cinematográfico. En la calle, las mujeres se giraban a mirarle, quizás fantaseando con lo que ocultaba el mono salpicado de gotas multicolores; una, le abordó. Él asentía sonriente, le tendió una tarjeta y continuó sin prisa. Le perdí de vista cuando el autobús se lo tragó. Mi dormitorio olía a pintura fresca. Alisé las sábanas borrando huellas acusadoras, y decidí que el salón también necesitaba un buen repaso. FIN
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