Pilar





IMPOSIBLE  2                                       




Me gusta cuando callas

Porque estás como muerta

Del golpe que te diste

Chocando con la puerta.

Y es que estás muy atontada

A qué viene la pregunta:

¿Volverán las oscuras golondrinas?

¿Qué es la vida, una ilusión?

Y todavía te extraña si te das un coscorrón.

Con cien mordazas por banda

Mejor tápate la boca

Porque si sigues así

Fijo que me vuelves loca.

FIN
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UNA MALA RACHA


¿Que no tuviste bastante? lo sé, hijo, pero qué te habría costado llorar un poquito; 

el carnicero es muy majo, me conoce. Bueno, no te preocupes, ya sabes que a mí la 

carne...

                                                          
 FIN
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                         UN PLAN PERFECTO     

     Marina se desperezó. Jorge había salido de viaje muy temprano. Tenía el día para ella sola; un día precioso con un sol arrebatador que invitaba a echarse a la calle.
     Mientras se duchaba canturreó la canción de Serrat (…) aprovecharlo o que pase de largo depende en parte de ti (…)
     Lo iba a aprovechar: tenía hora a las diez en la peluquería. A las doce la exposición de Ingres, en el Prado; después, aperitivo con las compañeras y comida en “Ultramarinos Quintín”, el restaurante de moda. 
     (…) y no dosifiques los placeres si puedes derróchalos.  Hoy puede ser un gran día y (…) Y de repente sonó el teléfono.
                                                                       

                                 
                                                          FIN
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EL PERRO OVEJERO     


Chucho, mi perro, está enamorado de Boba, una oveja merina. Chucho cuida del rebaño y en cuanto le tiene bajo control se arrima a Boba; ella, al principio, salía corriendo pero últimamente creo que se deja cortejar.  
Hoy he pillado al perro encaramado sobre el lomo de Boba. ¡Vaya pareja!  Los he dejado en paz, que disfruten un rato, total, no creo que tenga consecuencias.
Me equivocaba. Boba está preñada y parece que la cosa va para adelante; el veterinario está emocionado.
La oveja ha parido un… no sé cómo definirlo. ¿Perroveja? La cría tiene la cabeza del padre y el resto como la madre. Se morirá.
Pues no se ha muerto. La hemos puesto Chuba de nombre y la granja se ha convertido en una atracción turística para los vecinos. Me pregunto qué pasará cuando oigan a la cachorra ladrar.
Ya se ha corrido la voz; ha salido en la prensa y ha venido la televisión para hacer un reportaje.
Como Boba, Chuba tiene las patitas finas y luce una lana suave y rizada. De Chucho ha heredado buenas orejas, una cola larga, el morro chato y los colmillos ya apuntan; lo mismo come hierba que roe un hueso.
La comunidad científica está interesadísima en investigar a estos animales tan atípicos, especiales, incluso se han ofrecido a comprármelos. Me estoy dejando querer; ¿a cuanto podrá subir la cifra al enterarse de que Chuba da leche? 

                                                                       FIN
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QUERIDO ABUELO


¡Qué desgracia de familia, son un desastre! Eran las palabras más suaves de mi abuelo. Hija, lo que yo me he sacrificado por ti para darte una educación esmerada, para que te codearas con gente importante y vas y te enamoras de un cantamañanas, un pintamonas con ínfulas de artista.  El abuelo continuaba hablando de sus tiempos, de la dura vida de entonces, del ahínco por abrirse camino…
Mi padre trabajaba en una imprenta y, efectivamente, su gran pasión era la pintura. Mamá le animaba, estaba segura de que algún día triunfaría.
Y llegó el día, casi de casualidad: en nuestro colegio se organizó un acto solidario y mis padres cedieron, entre otras cosas, un cuadro. La casualidad quiso que el tío de un compañero se interesase por el oleo y el autor. Nos dio una tarjeta y dijo que le gustaría hablar con mi padre. Resultó ser un galerista y le propuso participar en una muestra colectiva. Después todo pasó muy deprisa: exposiciones individuales, entrevistas, premios, viajes…
Aún así el abuelo no se daba por satisfecho, ahora su objetivo éramos mi hermano y yo; nunca lográbamos complacerle y nos afeaba todo: los amigos, la ropa, las diversiones, los amoríos, y especialmente los estudios. A pesar de su carácter tan hosco y tan negativo nos inculcaron el respeto a nuestros mayores, incluso a que le tuviésemos cariño, aunque no era fácil y procurábamos escaquearnos cuando él venía a casa.
¡Qué desgracia de familia me ha tocado! Se lamentaba con mamá. ¡Qué piensan hacer esos desastres que tienes por hijos! ¿Pretenden ganarse la vida haciendo garabatos o van a esperar durante años a ver si suena la flauta, como con el pintamonas de tu marido?
Ahora, algunas veces, se pasa por el prestigioso estudio de diseño publicitario que compartimos mi hermano y yo; se pavonea al entrar, saluda a la recepcionista y pasea por los despachos con aires de propietario. También, algunas veces, se le escapa y nos llama “desastre”; se da cuenta y lo echa a broma disimulando. Aunque no es fácil, nosotros no le replicamos, le tratamos con el respeto que nos inculcaron nuestros padres y le seguimos llamando abuelo. 

                                                                  FIN
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