Pilar

SALVADO POR UN BESO Es el diluvio, pero no mi barca, hoy no es mi día pensé mientras me llovían los golpes y estaba a punto de derrumbarme. Me salvó la campana. Tenía que seguir. Era mi oportunidad, el bienestar de mi familia. Los ojos fieros de mi oponente me decía que yo estaba perdido y él tan seguro de ganar que decidí que lucharía hasta el final, aunque me dejase la vida. Entonces vi a mi hijo. Lloraba abrazado a su madre, me suplicaban con la mirada. Ella movió la cabeza despacio, de un lado a otro, sus labios dibujaron un beso, un “te quiero”. Y tiré la toalla. FIN
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