Pilar

POR SU PROPIO PESO Hasta que decidimos volver a colgarla en la pared de la despensa, la hoja con la dieta estuvo metida en el cajón de las facturas. Aunque no la veía, saber que estaba ahí me producía ansiedad. Enmascaraba la angustia con una onza de chocolate, un bollo… Una noche, al volver del cine, sin previo acuerdo mi marido sacó martillo y clavo y yo la hoja con las recomendaciones del dietista. Todavía me ardía la cara de vergüenza al recordar cómo nos quedamos embutidos en la butaca y, al terminar la proyección, entre un amable joven y el acomodador nos desencajaron a puro tirón. FIN
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