Pilar

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PUNTO FINAL
En cuanto entré vi la boina sobre la mesa. Solté la carpeta y sonreí feliz, anticipando el sabor de los caramelos de menta que el abuelo llevaba en el bolsillo para mí, el calor de su abrazo, de sus besos húmedos y sonoros, la caricia de su mano rugosa en mi mejilla; un ritual que se repetía hasta donde alcanzaba mi memoria. Corrí a su encuentro con la ilusión de que se animase a dar un paseo, unos paseos tan largos y ligeros como, ahora, las piernas maltrechas le permitían. Le gustaba hablar; me iba relatando historias antiguas, curiosidades de los lugares por los que deambulábamos; era como leer un libro, pero más divertido porque lo adornaba y contaba tan bien…
Mamá me salió al paso, vestida de oscuro, llorosa, con los brazos abiertos para acogerme, para consolarme.
Odié la boina, redonda y negra, porque era como un punto final.
FIN
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4 Responses
  1. Javier Says:

    ¡Que gran invento los abuelos! Pero duran tan poco. Algunos tuvimos la suerte de conocerlos unos pocos años y añorarlos toda la vida. Sabiduría y ternura en un envase de nobleza. Gracias por tu bello relato de homenaje y por unirte a Cruz en sus comentarios.
    ¡Enhorabuena por tu blog, y que cumplas mucos más. Y nosotros y el mundo que los leamos.
    Javier


  2. Martu Says:

    Yo que conozco tu historia, en estos momentos unas lágrimas corren por mis mejillas....quizás también por que estamos tan lejos...y tan cerca...
    Te felicito por tu blog!!!!
    Seguí siempre escribiendo así... aunque a veces te escriban cosas que no sean lindas y positivas, hay gente para todo!!!
    Marta tu prima de Tandil(Argentina)


  3. Cruz Says:

    ¡Qué punto final más triste y más hermoso!


  4. Pilar Says:

    Gracias a todos por vuestros comentarios, animan a seguir dándole alas a la imaginación.