Pilar

HOJAS MUERTAS No reconocí al hombre que tenía frente al espejo. Sorprendente después de media vida juntos. Nos miramos en silencio a través del cristal; en mi rostro un gesto de gris impotencia, en el suyo un patético deslumbramiento reverdecido. Luego, en ambos, la decepción del amor agostado. Me tapé los oídos para no escuchar más justificaciones, explicaciones que no me consolaban. Él posó una mano marchita en mi hombro antes de darse la vuelta deprisa. Las lágrimas me ahogaron y cerré los ojos para no ver mis canas, sus arrugas… Para no verle recoger la maleta y abrir la puerta huyendo de nuestro destemplado otoño en pos de una cálida primavera. FIN
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1 Response
  1. Angela Says:

    Con unas cuantas líneas consigues contar una historia. Muy grafica
    Y nunca se sabe pero, lo mismo pasada la primave vuelve... ¡Muy bien Angela!