BREVE ABRAZO
Cada verano vuelvo, recorro la playa donde la conocí; peregrino por las calles que transitamos escudriñando cada rincón silente y umbrío, testigo de nuestros abrazos y acabo aprisionado entre el recuerdo y la frustración, derrotado en la anodina habitación del hotel. Los amores efímeros, pero intensos, dejan tanta huella… El nuestro duró apenas un suspiro; lo llenamos con silencios elocuentes, ¿para qué hablar? Los sentidos y el latente deseo lo hacían por nosotros, inmersos en una loca embriaguez de besos y caricias urgentes, tanto que padezco resaca inacabable, una sed que no se sacia jamás. Ni siquiera otros labios, otros brazos consiguen hacerme olvidar aquellos, dulces y posesivos a la vez. A veces dudo de que el romance fuese tan idílico como lo atesoro, pero el tiempo, inefable escultor, cincela con mano experta las aristas y él es quién, en definitiva, eterniza el espejismo. O quizá es que los sueños son el alimento de la realidad, por eso me resisto a despertar.
FIN
Bucólico y muy poético. Me recuerda a la canción de Sabina "Y nos dieron las dos y las tres...."
My bien Ángela.
Los amores efímeros, realmente, son los único que a veces quedan para siempre. En este texto transmites muy bien esa sensación. Genial, me ha gustado mucho Pilar.
Los sueños, a menudo, son más poderoso que la realidad.Y no se duelen de rutinas. Bien, Pilarín
PILAR los sueños son LA REALIDAD.
No se porqué, pero cuando leo tus microrrelatos los escucho en tu voz. Otra perla más.
Javier