
El coche se detuvo sin motivo al pasar por Magno. La aldea, pura ironía con seis casas ruinosas, no figuraba en el mapa. Deambulé buscando ayuda o cama donde pernoctar, pero el lugar parecía solitario, dormido. Sólo la luna, redonda y sonriente, avivaba las ventanas opacas, las calles desiertas, proyectando sombras inquietantes. Volví al coche y la vi, tenue y bella, junto al cartel con el nombre del pueblo. -Te esperaba- dijo tendiéndome las manos-. Soy Alma. No pronuncié palabra, no pude, Alma enmudeció mi voz y mi mente envolviéndome entre sus brazos posesivos, y la noche invernal se caldeó con nuestra pasión. El alba, me sorprendió aterido, desorientado y solo; creí haber soñado el encuentro aunque mi piel lo negaba guardando el aroma de la suya a madera perfumada, y en los labios aún perduraba el sabor delicado a frutas maduras de los de Alma. El coche arrancó y, confuso, abandoné Margo, mas nadie supo darme razón de la joven ni del lugar. Volví a buscar a ambos sin hallarlos, y quise convencerme de que solamente fue un sueño, el cansancio del viaje… pretendí persuadirme, aunque nunca olvidé el inquietante encuentro. Después de años, hoy, leyéndole a mi hija una leyenda, Alma, bella y misteriosa como la recordaba, me sonreía apoyada en el letrero de Magno desde una ilustración a todo color. FIN
Enigmática, inquietante y bonita historia. "My bien Ángela!
Alma magna¡¡¡ muy bueno, Pilar
Al principio creí que se trataba de un relato de miedo pero es, como dice Ángela, muy enigmático. Maravillosamente escrito, Pilar.
Sueño y realidad, una misma experiencia en distintos planos existenciales.
Bien
Javier
Muy extraño. Muy atrayente. Muy conciso. Muy bonito.