LA CACERÍA
… y luego, se fue corriendo
-¿Adónde?- pregunté intrigada.
-A llamar a la puerta de enfrente. Abrió un tío macizo, un yogurcito; descalzo, con una toalla enrollada a la cintura y las gotas de agua brillándole en el corpachón.
-¡Jesús, vaya espectáculo!
-Ya te digo. Pues, eso, que Marisa se puso a gritar histérica: ¡una cucaracha, hay una cucaracha en la cocina! El macizo, por lo visto, puso cara de “bichitos a mí” y tal y como estaba salió dispuesto a la cacería. Creo que estuvo media hora larga persiguiendo a la cuqui y Marisa, encaramada en una silla, encantada. Cuando el mozo se la cargó, ella se disculpó: “Perdona. De verdad que lo siento, pero es que me espantan esos bichos. Bueno, todos; soy tan miedosa… Debes ser nuevo en el edificio, nunca te había visto antes…” El caso es que le invitó a tomar algo, para agradecerle el favor.
-Para enrollarse con él, quieres decir. Ya me la imagino poniendo ojitos.
-Normal, parece que el chico está como para desmayarse. La cuestión es que él dijo que no podía, que en otra ocasión.
-Vaya corte.
-No creas; ya conoces a Marisa, cuando quiere algo… Hoy he hablado con ella y no podía venir; se le ha metido entre ceja y ceja que tiene un ratoncito en el armario del dormitorio.
FIN
Es que hay mucho bicho suelto por ahí. Muy divertido
Javier
Es que a veces los bichos pueden dar mucho juego. No hay bien que por mal no venga y alguna compensación deben tener ver una asquerosa cucaracha; a mi también me repelen.
Cualquier cosa te vale, hasta una asquerosa cucaracha. Claro que con un cazador así yo tendría hasta leones.
Ya ves cómo es la vida; unos como locos porque alguien les invite a algo, sin conseguirlo nunca jamás, y otros tan dignos despreciando a las vecinas. Muy simpático tu relato.
¡¡¡¡Socorro, que venga ese cazador, que se me ha llenado la casa de bichitos!!!
Tienes mejores cuentos, pero fotos... Sienpre es un placer echar un vistazo a tu blog, en esta ocasión un gustazo.