
INSTINTO
Aquél sería el primer gesto maternal consciente que recuerdo. Yo tenía siete años cuando mi hermano rompió mi muñeca; le hundió un lado de la cabeza y un ojo. Llorando, la abracé y mecí como mi madre hacía conmigo. No me consolaba saber que me comprarían otra; quería esa, la quería de verdad, y verla lisiada me dolía como si la muñeca pudiese sentir. La suponía humillada, avergonzada de su aspecto y decidí arreglarlo. Mamá tejió un gorro de lana rosa para ella y yo, con un bolígrafo, le dibujé gafas, negras igual a las del ciego que vendía cupones en la puerta del mercado. Mamá dijo: serás buena madre, tienes instinto. Mis hijos creen que lo soy. FIN
Los recuerdos de la infancia nos persiguen toda la vida para inspirarnos, y tú estás sobrada de inspiración.
no me extraña que llorase la niña. Da susto la muñequita, menos mal que la arregla un poco. Entrañable recuerdo y buen final.
No me gustaría encontrar a esa inocente muñequita por mi casa. Supongo que la del relato daba menos miedo. El relato con su punto de ternura.
Arvikis