JUVENTUD, ¿DIVINO TESORO?
¡Imbéciles! Era la palabra más suave de mi padre; la soltaba refiriéndose a mi hermano y a mí, a la juventud en general, y continuaba hablando de sus tiempos, de la dura vida de entonces, del ahínco por abrirse camino…
Jamás lográbamos complacerle; nos afeaba todo: los amigos, la moda, las diversiones, los amoríos, y especialmente el escaso provecho con los estudios; “y lo que yo me sacrifico por vosotros, desagradecidos, imbéciles. Si yo hubiera podido…
Ahora, algunas veces, se pasa por el prestigioso estudio de arquitectura que compartimos mi hermano y yo; se pavonea al entrar, saluda a la recepcionista y pasea por los despachos con aires de propietario. También, algunas veces, se le escapa y nos llama “imbéciles”. Nosotros no le replicamos, y le seguimos llamando papá.
FIN
Desgraciadamente de puertas para adentro, el monospreciar los "logros" y méritos de los hijos es mas común de lo que cabría esperar, y aunque luego presuman de ellos ante los demás, el daño ya está hecho. Ni eso, ni lo opuesto "mi niño es el mejor y lo hace todo bien".
Un relato cortito que da que pensar y ayuda a recapacitar sobre la forma de educar.
Esto me suena. Se tiende a generalizar sobre la juventud de hoy y a menospreciarla, cuando los jóvenes no han elegido vivir en esta época. Además, hoy en día el no trabajar no depende únicamente de ell@s.
Eso sí, muchos padres se podrían ahorrar el sermoncito si después vacilan ante los logros de sus "inútiles hijos".
Admirable la actitud de los hijos ante un padre tan déspota y detestable pero, al fin y al cabo, padre... lo que más importa. De todas formas todo tiene que ver con no adaptarse a los nuevos tiempos.
¡Qué lástima de padre y qué maravilla de hijos! Menos mal que la mala uva no era hereditaria...