Pilar

JUVENTUD, ¿DIVINO TESORO? ¡Imbéciles! Era la palabra más suave de mi padre; la soltaba refiriéndose a mi hermano y a mí, a la juventud en general, y continuaba hablando de sus tiempos, de la dura vida de entonces, del ahínco por abrirse camino… Jamás lográbamos complacerle; nos afeaba todo: los amigos, la moda, las diversiones, los amoríos, y especialmente el escaso provecho con los estudios; “y lo que yo me sacrifico por vosotros, desagradecidos, imbéciles. Si yo hubiera podido… Ahora, algunas veces, se pasa por el prestigioso estudio de arquitectura que compartimos mi hermano y yo; se pavonea al entrar, saluda a la recepcionista y pasea por los despachos con aires de propietario. También, algunas veces, se le escapa y nos llama “imbéciles”. Nosotros no le replicamos, y le seguimos llamando papá. FIN
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4 Responses
  1. Áaangela Says:

    Desgraciadamente de puertas para adentro, el monospreciar los "logros" y méritos de los hijos es mas común de lo que cabría esperar, y aunque luego presuman de ellos ante los demás, el daño ya está hecho. Ni eso, ni lo opuesto "mi niño es el mejor y lo hace todo bien".
    Un relato cortito que da que pensar y ayuda a recapacitar sobre la forma de educar.


  2. MucipA Says:

    Esto me suena. Se tiende a generalizar sobre la juventud de hoy y a menospreciarla, cuando los jóvenes no han elegido vivir en esta época. Además, hoy en día el no trabajar no depende únicamente de ell@s.
    Eso sí, muchos padres se podrían ahorrar el sermoncito si después vacilan ante los logros de sus "inútiles hijos".


  3. Admirable la actitud de los hijos ante un padre tan déspota y detestable pero, al fin y al cabo, padre... lo que más importa. De todas formas todo tiene que ver con no adaptarse a los nuevos tiempos.


  4. Cruz Says:

    ¡Qué lástima de padre y qué maravilla de hijos! Menos mal que la mala uva no era hereditaria...