EXPLÍCITO CARMÍN
Sacaba la presidente del primer cajón un espejito plateado, el lápiz de labios, y se pintaba. Lo utilizaba con una parsimonia enervante, desde la cabecera de la imponente mesa de acero de su despacho, acomodada en el asiento de cuero negro y siempre momentos antes de empezar la ronda, que acostumbraba a dar por sus dominios. El personal de la Compañía aguardábamos expectantes su aparición, el tono del carmín era el indicativo de su estado de ánimo y de las decisiones que se proponía tomar.
Aquella fatídica mañana, me dijeron después mis ex compañeros, cuando hizo su aparición su boca era rosa pálido, casi transparente, subió a fucsia al pillar a un administrativo enfrascado en una partida de mus en el ordenar. Pero al entrar al cuarto de la impresora y sorprenderme haciéndole un trabajo fino y en profundidad a la telefonista, ella con la falda por la cintura y yo con los pantalones por la rodilla, el tono cambió súbitamente a morado y, de inmediato, a rojo fuego tan ardiente como nuestras mejillas y las chispas que lanzaban los ojos de la presidente.
De ejecutivo con brillante porvenir he pasado a gris vendedor en unos grandes almacenes y ¡maldita sea! me han asignado a la sección de cosmética.
FIN
Muy divertido Pilar, me he reído.
Si es que ya se sabe, hay determinadas cosas que no admiten mezclas. Muy diver, compi
En estas situaciones parece fácil pasar del rosa palo al morado y del brillo a la triste oscuridad después. Están bien estos contrastes, pero creo que a esta ejecutiva yo ya la conocía.
Besitos desde la "Finqui"
Pues yo he sido vendedor y nunca me ha pasado algo así. Que mala suerte!
Muy divertido Piliu.
Ironías del destino, que en la vida juega muchas partidas. Me gustó.
Un abrazo
Javier